martes, 3 de noviembre de 2009

Miguel ¡Despierta!

Fue de las ultimas veces que le vi. Le llamé desesperada por el aburrimiento, y le dije si le apetecia una sesión de cine en casa con palomitas de microondas de esas que siempre se me qumaban. Por su tono de voz al mostrar indiferencia supe que lo que el queria era salir, suficientemente encerrado estaba ya.

- Miguel ¿que te pasa? te noto como...¿encerrado?
- Si, un poco, esque llevo toda la tarde en casa dan
dole vueltas a mi cabeza...
- Nos vemos en nuestro parque,¿vale?, creo que va a ser el mejor sitio para despejarte.
- Vale pequeña, lleva chaqueta, que es tarde y hace frio.


Yo vivia a diez minutos del parque, y el a cinco. Siempre estaba listo para salir , asi que estaba claro que el llegaria bastante antes que yo.
Me puse la chaqueta, y me acorde de que debia llevarle algo de comer, cuando no sale de casa en todo el dia, no come nada, dice que le da pereza cocinar cuando esta solo.

Sali corriendo y casi tropiezo bajando las escaleras. Mientras caminaba pensaba en por que estari asi Miguel... es tan cerrado aveces.
Se le veia de lejos, sentado en el único banco del parque, solo bajo una farola, que triste. Nunca me gustó ese banco, hacia parecer tristes a las personas.
Cuando se dio cuenta de que yo habia llegado, se levantó y me dio un abrazo de esos que no se olvidan con el tiempo. De esos que salen del corazón. Nos dejamos caer sobre la hierba, abrazados. No me soltaba, y estaba comenzando a llorar.

Desde el principio supe que no me iba a contar lo que le pasaba, solo iba a llorar y abrazarme. Cuando lloraba parecia tan debil...

- Cariño, ¿que te ha pasado?
- Nada pequeña, que me duele el corazón. Que me hundo y tu eres lo unico que me saca a flote. Me pasa que te quiero.

- Sabes que siempre voy a ser tu salvavidas Miguel, ¿verdad?

Siguió llorando hasta caer exhausto, debian ser las dos de la mañana de aquel frio sabado de Diciembre y yo seguia abrazandolo en aquel parque tan nuestro. No le soltaria por nada del mundo. Se quedo alli dormido, entre mis brazos con lagrimas callendo por sus mejillas lentamente mientras yo le acariciaba. Creo que nun
ca le habia visto tan hermoso.

Entonces, comenzó a llover.

- ¡Despierta Miguel! ¡Despierta!







PinkMyself


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